mar. Ene 28th, 2020

Jimmy el Presidente mediocre

 

 

Jimmy el mediocre
“…dices, me he enriquecido…eres un desventurado”

Jimmy Morales pasará a la historia como el más dañino de los presidentes de la era democrática. Acabó con el esfuerzo más importante de lucha contra la corrupción y deja en ruinas el aparato público. Su dream team, Degenhart y Jovel, remataron esa destrucción institucional. Uno, despedazó en tres meses los esfuerzos de una década en seguridad ciudadana. La otra, de un plumazo, troceó la carrera diplomática y dejó un enredo en la Cancillería.

Los oficiales del Ejército que han participado en misiones de paz en varios países y que, por tanto, pueden comparar la suya con instituciones profesionales y respetables, tienen sobradas razones vergüenza esta caricatura de comandante en jefe y, más, de la vil actitud de sus altos mandos. Sus espectáculos públicos fueron más que grotescos.

Es una tarea imposible encontrar en la gestión de Jimmy un programa o proyecto, ni siquiera un acto digno de reconocimiento. Varios de sus ministros compitieron en la única galopada admitida: la mediocridad. El premio mayor quedará repartido entre Alonzo del MARN y Benito de CIV.

El siempre beligerante sector privado organizado alcahueteó esta vez la incompetencia de un advenedizo, e hizo silencio ante su corrupción; volteó la mirada ante las violaciones flagrantes y recurrentes de la Constitución en las que Jimmy incurrió. Todo, por una sola razón –que no es para alardear: les hizo el trabajo sucio de desmantelar la lucha contra la corrupción, que había salido del control del estatus quo.

Esas elites siguieron apostando al cortoplacismo, y han ganado. Supieron alimentar el lobby en Washington, derrocharon en campañas de confrontación y descalificación en las redes sociales y en grupos fantoches que vomitaron odio. No es casual que esa cruzada se disolvió desde que la Cicig quedó desmantelada. Ahora bien, sigue abultándose el inventario de costos reputacionales y hasta morales, ante el mundo que les debe importar.

Resta observar que esos grupos económicos fueron conformistas, pues la economía en términos reales siguió estancada y la productividad global involucionó. El país se desplomó en todos los índices relacionados con la competitividad. Y, sin embargo, tenían el espacio para maniobrar a su favor más allá de soltar la jauría contra la Cicig.

Sin empleo ni oportunidades, el éxodo de guatemaltecos –incluyendo familias enteras y menores no acompañados- se acrecentó durante estos cuatro años a niveles sin precedentes. El hambre siguió enseñoreándose en regiones cada vez más dilatadas, y la depresión de las pequeñas economías empujaron a pueblos enteros a los barones del crimen organizado, cuyo poder político, por cierto, se infiltró como nunca en los gobiernos municipales, gobernaciones departamentales y el Congreso.

Inútil y soberbio, Jimmy Morales, pasó cuatro años en la Presidencia de la República, pero la Presidencia no pasó por él. Dudo que futuros gobernantes acudan a él en busca de consejo.

Prostituyó el principio de soberanía nacional ofreciendo oficiosa y oportunistamente nuestro territorio como depósito humano de migrantes. Y al echarse para atrás, le temblaron las rodillas antes las amenazas de Trump. Como acto final, Trump lo trató con el desprecio que Jimmy el miserable se ganó.

Antes que mal presidente, Jimmy fue un mediocre. Mediocre es el tibio. La mitad de su gabinete lo llama ridículamente “apóstol”, por eso viene al caso citar el Apocalipsis 3: 14-22: “… por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo…”

Artículo de Edgar Gutierrez Girón.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *