vie. Nov 22nd, 2019

Las sombras del pasado reviven en el gobierno de Giammantei

Las sombras del pasado
Giammattei, ¿qué hay de nuevo?

Publicacion del autor: Edgar Gutierrez

Desde que ganó las elecciones me pregunté ¿qué innovaciones traerá el gobierno de Giammattei? Después de la auto-presentación esta semana, desde San Salvador, del equipo de Seguridad, parece que muy pocas. En las fotos de prensa identifico caras conocidas: el coronel de aviación (r) Roy Dedet, presentador del equipo (asesor presidencial), el general (r) Edgar Godoy Samayoa (Gobernación), el general (r) Edgar Soto (Consejo Nacional de Seguridad) y el mayor (r) Gustavo Díaz. Un retrato digno de enmarcarse en la sede de Avemilgua.

El presidente electo ha solicitado que no se les juzgue mal hasta que pongan manos a la obra y puedan evaluarse resultados. Es muy difícil, pues sus nombres resuenan en la opinión pública desde hace décadas y, lastimosamente, no están vinculados a ejecutorias loables, al menos desde un enfoque de consolidación de la democracia y aportes al fortalecimiento de la función del Ejército en tiempos de paz. Representan la vieja escuela militar de no gratos recuerdos.

Hay militares de militares. Conozco militares correctos, apegados a la ética del servicio, ilustrados, ejemplos de honor y sacrificio (incluso en Guatemala), pero este elenco de Giammattei no encaja en ese perfil. Puedo entender que se trata de la retribución a su trabajo en la organización del partido Vamos y la recaudación eficaz –es decir, a caballo regalado no les ven los dientes- de financiamiento para la campaña electoral. Lo cual, a la vez, me corrobora sobre qué pilares Giammattei construyó su proyecto político.

Los veteranos militares siempre se quejaron de haber ganado la guerra interna y que los guerrilleros les superaron en la guerra política. Es una falsa lamentación. Empezaron tutelando el primer gobierno civil del periodo democrático y algunos, como Gustavo Díaz, perteneció al bando de los golpistas fanáticos.

La mayoría aprendió muy rápidamente a subordinarse, en apariencia, al poder civil. Como se sabe, un militar es formado para obedecer y, cuando adquiere el rango, para mandar. Es la esencia del ejército disciplinado. Pero estos amigos no perdieron el apetito de poder. Conocieron desde dentro –y fueron parte- del manejo de los delicados hilos de la logística y, sobre todo, de los pequeños negocios públicos –que gotean permanentemente- y, desde luego, de las grandes transacciones, aunque en lo privado no siempre resultaron hábiles empresarios.

Quizá no fue coordinado, pues hay rencillas entre ellos cuando de ganar poder se trata, pero el hecho es que su instinto de supervivencia bajo las reglas desconocidas de la democracia y de la paz los condujo a infiltrar todos los partidos políticos, incluyendo algunos de izquierda liderados por ex comandantes guerrilleros.

Al dar una ojeada a la ficha profesional de estos militares retirados es obvio que han saltado de partido en partido. El método les ha dado resultados que quizá ni ellos esperaban, pues las últimas dos elecciones fueron atípicas. Ganaron partidos marginales en los que los veteranos militares obtuvieron derecho de picaporte. Con Jimmy Morales eran, varios de ellos, los gatilleros de Vielman, marginales y sin brillo. Con Giammattei son oficiales de mayor rango y conspiradores.

Hay veteranos sabios, innovadores. Y porque son sabios, saben cuándo retirarse, comparten experiencias y conocimientos. Hay veteranos necios, aferrados al pasado, siempre quieren imponer sus viejas costumbres, no digo a sus hijos, a sus nietos y bisnietos. Entiendo que estos son antiguos compañeros de Giammattei, pero si ellos en verdad fueran leales al nuevo presidente y quisieran el bien de Guatemala, le habrían dicho: este fue nuestro aporte, gobierno. Pero no tienen ese talante. Vienen agresivos y con sed.

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